Según la OMS, los trastornos de ansiedad son las enfermedades mentales más comunes a nivel mundial, afectando a aproximadamente 359 millones de personas en 2021. La prevalencia ha aumentado significativamente, impulsada por la pandemia de COVID-19, afectando más a mujeres que a hombres y apareciendo mayoritariamente en la adolescencia.
La ansiedad como trastorno propiamente dicho o como episodio pasajero, te trae un mensaje y ya se que es frase de cajón. Muchas veces para venderte cursos, terapia, talleres o un bonito perfil. Si leiste mi primer libro, y algunos de mis artículos, sabrás que escribo sobre lo que aprendo académicamente y sobre lo que aprendo en la vida, lo que me atraviesa, lo que me duele, dolió y lo que me llena.
La foto que observas la tomé el día que estaba finalizando el segundo episodio de ansiedad. La tomé justo antes de ir al psiquiatra, la tomé para recordarme que lo estaba haciendo lo mejor que podía, incluso ese día, arreglandome para verme presentable aunque no tenía ganas de arreglarme.
Así que sólo te compartiré un poco de mi experiencia personal, la ansiedad me ha traido mensajes bien importantes. Ha venido a destruir muros internos, a mostrarme que hay rutinas y formas de hacer las cosas que ya no funcionan para mi. Ha venido a mostrarme que necesito seguir agradeciendo un poco más, me ha mostrado que es mejor ir despacio, que hacer, correr y seguir haciendo es muy agotador y mi cuerpo ya no lo resiste. Me ha recordado la importancia de volver a escucharme, de atender más a mi cuerpo y darle menos poder a la mente.
También me ha mostrado que aún hay miedos en mí y que sigo siendo tan frágil como hace tiempo no me permitía reconocer, por lo menos no, delante de otros.
Estuve ahí, atravesando mi primer episodio de ansiedad -febrero de 2026-. Al observar las sensaciones de mi cuerpo, reconocí que ya había experimentado algunas de ellas en momentos específicos de mi vida, especialmente antes de iniciar terapia, cuando aún no identificaba la dependencia emocional ni sabía cómo abordarla.
Presión en el pecho, sensación de ahogo, angustia, miedo, tristeza y algo de mareo. En concreto, había vivido estas sensaciones de forma «ordenada» o separada, por decirlo de alguna manera. En cambio ahora, es una especie de sopa mal hecha. Imagínate hacer una sopa en desorden, echar a la olla primero la sal, luego la proteina, luego la arveja, luego la papa, luego las verduras, esperar un rato entre cada adición de ingredientes y por último agregar el agua.
Así sentí la ansiedad cuando empezó. Me sentía en desorden, un poco atropellada porque cada sensación aparecía sin razon lógica aparente y cuando se le daba la gana. Así mismo, se iba cuando se le daba la gana. Ahora estoy sentada en el lugar de paciente. Yo he acompañado a personas de forma complementaria a sus procesos con psicología o psiquiatría, en procesos de diagnosticos con ansiedad. Y siento empatía y tengo la serenidad de saber sostener a la persona.
Vivirlo por supuesto es muy distinto. Estoy haciendo lo que aconsejo: cuidando el sueño, poniendo atención a la respiración, observando mi mente para «controlarla» y para ver el desencadenante, cuidar la alimentación… y algunas otras cosas que recomiendo en sesión según la situación particular. En mi caso es muy agotador pretender autoterapiarme, además de caer en un patrón de autosuficiencia poco sano, dadas las circunstancias. Estoy tomando terapia de forma regular desde que esto inició. No lo hacía con esta frecuencia desde hacía bastantes años.
Estas lineas las escribo un par de semanas después de haber atravesado el segundo episodio (marzo 2026). También atemorizante, marcado por un insomnio que nunca tuve. Hay un patrón común que he observado en algunos pacientes con ansiedad, en aquellos que estamos muy orientados «al hacer». Y es esta dificultad de soltar los cronogramas, los compromisos laborales, personales y relacionales. En mi caso, por ejemplo, soltar este personaje de: yo soy así y entonces desde que pueda estoy disponible para escuchar a quienes quiero. El perfeccionismo es un lastre en el caso de muchos, incrementando algunos de los síntomas.
La verdad es que durante estos episodios, solo me pude sostener a mi misma,y eso que con dificultad y mucho trabajo. Estuve practicamente inhabilitada para sostener incomodidades ajenas o para dar consejos personales. Cosas inesperadas activan los sintomas fisicos que son muy molestos.
No se que te pasa a ti, que ha desencadenado la ansiedad que hoy te toca, te podría decir que es importante reconocerla porque lo paradójico es que la ansiedad como mensajera es paciente, ella espera a tu puerta hasta que le recibas el sobre, o los sobres que tiene para ti. La medicación es la salida «facil», la que es rentable para un sistema al que poco o nada le interesa tu bienestar. Digo facíl, entre comillas, porque de fácil no tiene nada, ya que los efectos secundarios a corto, mediano y largo plazo son variados y van en detrimento de tu salud física, conforme pasa el tiempo si es que se sostiene su consumo.
Lo segundo, si me lo permites es decirte que esto también pasará, como todo. A veces es necesario medicar, por periodos cortos, más si hay periodos de insomnio. Pero más allá de toda recomendación te diría que le bajes un poco a la velocidad. Tal vez necesitas soltar proyectos, poner en pausa algunas cosas o sencillamente disminuir horas de consumo de pantallas. Eso, ya es bajar a la velocidad.
Quizás, en tu caso, se trate de procrastinación y, a diferencia del mío, no estás haciendo aquello que sabes que deberías hacer. Las causas pueden ser diversas y responden a la realidad de cada persona. En mi caso estoy aprendiendo a vivir despacio, a eliminar cosas en lugar de sumar cosas. Estoy reconectando con mi cuerpo, ahora desde la calma, que se había vuelto tan desconocida para mi. Todos necesitamos cosas diferentes, lo importante es escuchar nuestra voz, que a veces se pierde entre tanto ruido y voces ajenas.
Existe un factor desencadenante en muchas personas y es el uso inadecuado de redes sociales. El uso de redes sociales es casi como una droga que se introduce por los ojos. Las reacciones fisiológicas comprobadas están orientadas a la producción excesiva de dopamina. Ese es el objetivo de las redes sociales y algunos servicios de streaming. Así mismo los video juegos y uso de pornografía.
La mayoría de personas que conozco usamos redes sociales y el uso excesivo, su uso durante las noches, o como mecanismo continuo de distracción afecta nuestro cerebro y el circuito de recompensa que existe en nuestro cerebro. (Ni hablar de lo que pasa con el cerebro en desarrollo de niños y adolescentes, cuyos riesgos en su salud mental se incrementan notablemente). Todo ello afecta la respuesta fisiológica del cerebro que puede ocasionar o empeorar síntomas ansiosos. Lo anterior afecta directamente nuestra rutina del sueño y nuestro cerebro NO ESTA DISEÑADO para estar despierto en la oscuridad. Que lo estemos haciendo no quiere decir que sea bueno para nuestra salud mental.
Querido(a) lector(a), me da un poco de miedo exponerme así. Esto es en parte un ejercicio terapéutico, así como el baile, la escritura también es terapéutica para mi. Espero que a alguien le sirva. Mi querid@, siempre hay una forma de encontrar esa calma perdida que tu sistema nervioso ha olvidado por distintos motivos, quizá es una nueva forma de vivir. Quiero cerrar este artículo agradeciendo de todo corazón a mi red de apoyo sin ustedes no lo estaría logrando. Muchas gracias a mi familia y amigos que han estado ahí. Gracias, gracias, gracias.
